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sábado, 5 de diciembre de 2015

CHILOTES FUSILADOS EN LA PATAGONIA ARGENTINA

El capitán del ejército argentino Pedro Viñas Ibarra inspecciona los obreros detenidos en La Anita antes de comenzar con los fusilamientos.
               
Por Luis Mancilla Pérez
En América se conocen otras rebeliones obreras pero ninguna de la dimensión y características que alcanzó la huelga de los trabajadores de las estancias de la Patagonia Argentina en 1921. Hubo en Chile, en 1907, trabajadores salitreros que marcharon por el desierto pidiendo mejoras salariales y en la plaza de un puerto salitrero fueron encerrados y el ejército de Chile comenzó su matanza. En 1919, los chilotes obreros de los frigoríficos, se tomaron el pueblo de Puerto Natales incendiando la oficina y almacén de la empresa naviera, industrial y ganadera Braun y Blanchard. Pero en la Patagonia Argentina nunca había sucedido nada, los dueños de las estancias ganaderas continuaban cancelando sueldos miserables. Los trabajadores, en su mayoría chilotes, trabajaban doce y más horas al día. No descansaban sábados ni domingos, y se les cancelaba sus sueldos con fichas salario que únicamente se podían cambiar en los almacenes de las estancias o con cheques que se convertían en papeles sin valor cuando ningún banco, propiedad de los mismos estancieros, quería cambiar.
                Todo empezó cuando los obreros se cansaron de dormir amontonados en camarotes teniendo como colchón y frazadas cueros de ovejas, se aburrieron que de sus escasos salarios les descontaran las velas, y los almuerzos fueran la carne de los corderos encontrados muertos en el campo; querían tener un día para descansar y lavar su ropa; y en los dormitorios tener un lavatorio y agua para el aseo personal y que el botiquín de primeros auxilios tuviera las instrucciones en castellano y no en inglés; y comenzó la primera gran rebelión obrera en la Patagonia Argentina.
                Algunos de los obreros sublevados eran italianos, otros habían llegado de Alemania, muchos eran españoles, muy pocos eran argentinos pero la gran mayoría eran chilotes que abandonaron las estancias, y se reunieron en grupos que cabalgaron por esas planicies desoladas pidiendo dignidad y mejores condiciones de vida. Nunca asaltaron estancias, ni saquearon almacenes ni atacaron pueblos como decía la prensa de la época. Ni eran bandoleros que por Aysén invadirían Chile como dijeron los estancieros y publicaron los periódicos en Chile. Era una multitud de gente pobre que desde Europa llegó huyendo del hambre, y desde Chiloé escapó de la cesantía. Los estancieros le dijeron al gobierno argentino que una rebelión desolaba la Patagonia, y el gobierno mandó al ejército.
                En noviembre de 1921, en Río Gallegos desembarcó un batallón del ejército argentino comandado por el teniente coronel Héctor Benigno Varela, que dividió su tropa en tres destacamentos y comenzó la matanza. El 12 de noviembre en la estancia El Cifre fue fusilado el chilote Roberto Triviño Cárcamo. El capitán Pedro Viñas Ibarra con treinta soldados fusiló obreros en Punta Alta, en Cancha Carrera, en Fuentes de Koyle, en el Perro, y en otras estancias. Varela con otro destacamento de treinta soldados fusila a los obreros que se rindieron en Paso Ibáñez, y el escuadrón del capitán Elbio Anaya fusila obreros en Bellavista, Cañadón León y otros lugares del centro del territorio de Santa Cruz; después Varela se va a Puerto Deseado y en ferrocarril viaja a combatir contra los obreros chilotes liderados por Facón Grande, pero en Tehuelches es derrotado, y los obreros con el remordimiento de no haber enfrentado a la gendarmería sino que al invencible ejército argentino, se rinden y Varela los fusila por decenas.
                El 8 de diciembre los chilotes que ocupaban la estancia La Anita se rindieron sin disparar un tiro, y los soldados del ejército argentino los obligaron a cavar sus tumbas, pararse en la orilla, y los fusilan amontonando los cadáveres unos sobre otros. Tumbas que cubrían los obreros sobrevivientes elegidos por los dueños de las estancias para continuar con la temporada de esquila. En el paredón de la Piedra Grande de La Anita se cree fueron fusilados más de un centenar de obreros chilotes.
                Todos los líderes de esta rebelión obrera, de una u otra manera, estuvieron relacionados con Chiloé. José Acciardi que con el también italiano José Fontes lideró las cuadrillas de obreros que iniciaron la primera rebelión obrera en enero de 1921, se escapó a Chiloé y aquí formó familia y falleció en 1963. Antonio Soto, a quien todos consideran el líder de esta rebelión obrera, estuvo casado con una chilota de la isla de Quinchao, y fueron chilotes quienes le ayudaron a escapar de la muerte en La Anita. José Luis Descoubieres Mansilla, que nació en Quinchao, lideró los obreros en la zona de Santa Cruz. José Font, “Facón Grande”, líder de los huelguistas de la zona de Puerto Deseado, tuvo como lugarteniente al chilote Antonio “El Negro” Leiva. Esto no era casualidad los chilotes recorrían la Patagonia a lo ancho y a lo largo buscando trabajo.
La mayoría de los fusilados en esta rebelión que el ocho de diciembre se conmemora en La Estancia La Anita, y en Chiloé nadie recuerda, no cabe duda eran chilotes. Chilotes por haber nacido en Chiloé, y no por la carga racista, discriminatoria y despectiva que en la Patagonia le otorgaron a ese gentilicio. Chilotes, con toda la dignidad y el orgullo de haber nacido en Chiloé. Esos chilotes fueron las victimas olvidadas de esa matanza.
Se cumplen 94 años de esas matanzas de obreros de estancias en la Patagonia Argentina. Son 94 años los transcurridos desde que esos obreros chilotes fueron fusilados y enterrados en tumbas masivas por pedir un mejor salario, un paquete de velas a cuenta del patrón, un día de descanso no trabajar más de diez horas. No se sabe la cantidad de obreros fusilados. La FORA, Federación Obrera Argentina afirmaba fueron dos mil, el Congreso argentino dijo fueron 1500 cuando solicitó una investigación de estas matanzas; 600 a calculado Osvaldo Bayer según dice en el libro que denunció estos fusilamientos masivos, centenares de obreros dijo la FOM, apenas un centenar de “chilotes” afirmó despectivamente el general Elbio Anaya en una conferencia en el Instituto Militar argentino, y él sabía de estos fusilamientos porque comandó un escuadrón cuando era capitán y acompañado por la Liga Patriótica Argentina fusiló chilotes en Bellavista, en Cañadón León y otros lugares. Han transcurrido 94 años y en Chiloé, el país de esos fusilados, nadie dice nada. No se realizan ceremonias de recordación, ni se erige un modesto monumento que recuerde a esos chilotes que a comienzos del siglo veinte emigraron hasta la Patagonia Argentina para en esos lugares lejanos encontrar la muerte. Una muerte miserable, mezquina, repleta de olvido.

Obreros de la columna liderada por José Font “Facón Grande” que se rindieron en la estación Tehuelches del ferrocarril de Puerto deseado, esperan el comienzo de los fusilamientos. En el extremo derecho algunos estancieros esperan la decisión de los militares argentinos.

domingo, 6 de enero de 2013

CHILOTES DE LA PATAGONIA REBELDE




El siguiente es un video que rescata una antigua canción recopilada por Héctor Pavez a fines de la década del 50 en Chiloé. Canción que es testimonio y memoria de la participación de los chilotes en los sindicatos obreros de principios del siglo XX en la Patagonia chilena - argentina.


domingo, 24 de julio de 2011

LOS CHACARILLAS BOYS (O DE LA AMNESIA CHILENA)


Por: José Bengoa. En The Clinic On Line 23 de julio del 2011
No hay peor enfermedad social que la falta de memoria histórica. Chile la sufre de modo agudo. El 9 de julio de 1977 un grupo de 77 jóvenes nacionalistas de extrema derecha subió al cerro Chacarillas, al lado del San Cristóbal, en el acto más fascista de todos los tiempos de este país. Emulaban a los 77 soldados de La Concepción en la guerra con el Perú. Bosques de banderas y antorchas al más puro estilo del nazismo hitleriano iluminaban la noche de invierno. Pinochet en un momento de inspiración arrebatadora leyó su famoso discurso. “Mi corazón de viejo soldado -decía- revive con profunda emoción el coraje insuperable de Luis Cruz Martínez… y los 76 …., que en plena soledad de la sierra peruana supieron demostrar, con la entrega de sus vidas, que nuestra Patria y los valores permanentes del espíritu están por encima de cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”. Delirio en el cerro de Santiago.
En esos mismos días eran torturados en el “Palacio de la Risa”, así llamada la Villa Grimaldi, miles de chilenas y chilenos. Se las violaba, aterrorizaba, y luego se las iba a tirar al mar, como a Marta Ugarte, una de las primeras que en esos mismos días apareció flotando en las playas de Longotoma. Mientras los jóvenes subían en medio de antorchas, los gritos de horror se escuchaban en los subterráneos del poder entusiasmado. “…Las limitaciones excepcionales que transitoriamente hemos debido imponer a ciertos derechos, han contado con el respaldo del pueblo y de la juventud de la Patria, que han visto en ella el complemento duro pero necesario para asegurar nuestra Liberación Nacional”, dijo el General en medio de los aplausos de los jóvenes patriotas en medio de la noche de Chacarillas.
“El complemento duro pero necesario” da escalofríos y ganas de vomitar. Todos y todas quienes allí estaban sabían muy bien a qué se refería el General. Era explícito.
¿Quiénes subieron a Chacarillas? Ayer fue el cambio de gabinete. El listado de El Mercurio de la época señala el número 15 de los valientes: Andrés Chadwick, hoy Ministro Vocero de Gobierno; número 38, Cristián Larroulet, Ministro del triunvirato de La Moneda; y 39, Joaquín Lavín, defenestrado Ministro de Educación y resucitado Ministro de Planificación Nacional. La lista es larga y sería un ejercicio de “buena memoria” publicarla con letras de molde. El número 47 es el actual Presidente de la Cámara de Diputados, y el número 20 es el dueño de la Universidad San Sebastián, emblemático modelo de lo que debe ser la educación universitaria “con fines de lucro”. El número 17 se reía ayer a mandíbula batiente en La Moneda al ver cómo sus “Chacarillas Boys” se tomaban finalmente La Moneda, en el asalto al Poder, que esa noche lluviosa del invierno del 77, los 77 cabalísticamente (como es propio de los fascismos corrientes) habían prometido solemnemente. Juan Antonio Coloma, se llama.
Ninguno de estos “Chacarilla Boys” ha hecho autocrítica alguna ni pedido perdón, han pasado “colados” en medio de las tormentas. “No sabían” es lo que más mentirosamente han tratado de balbucear. ¿Qué no sabían? Todos los que vivíamos en Chile lo sabíamos detalladamente. ¿Usted, Presidente Piñera, no sabía y no sabe a quiénes está metiendo en La Moneda?
¿Nadie se acuerda cómo sacaban a miles de personas en las madrugadas de ese año 77 a alguna cancha de fútbol a las seis de la mañana, congelada, y les pegaban, los fichaban, los denigraban y dejaban como estropajos? ¿Nadie se da cuenta que aplastaron un siglo de luchas obreras con el terror? ¿Nadie se acuerda que el próximo Ministro del Bienestar Social escribió el panfleto más deleznable de nuestra historia literaria, “La Revolución Silenciosa”? ¿Por qué no lo vuelven a publicar?
Pero lo peor es la confusión ideológica del momento… de los que alguna vez estuvieron en el lado de los antiguos perdedores. Hay quienes han dicho y siguen diciendo que ya la derecha no es la misma. Que Piñera es una nueva derecha. Se les fundió la memoria. Hay otros, de la otra banda, que acaban de decir que en Chile hay “dos derechas”. Con respeto personal, pero andan más perdidos que el Teniente Bello. Muy triste. Hay que decirlo, los antiguos perseguidos también lo confunden todo. Sin embargo, los errores, desvaríos, soberbias, silencios, complicidades, de un Ricardo Lagos o una Michelle Bachelet, no tienen ni un punto de comparación con lo que se vivió en esos días y que fue aplaudido por las actuales autoridades del país.
Escucho desde mi mente deprimida los lejanos aplausos en Punta Peuco. En Bucalemu un difunto se da vueltas de alegría en su tumba. Los fantasmas están presentes, más que nunca. Gozan de buena salud. Se ríen con su sonrisa regordeta y a todo color digital de la historia trágica de nuestro país.
Y no me critiquen a los cabros que agarran piedras y destrozan el “mobiliario urbano” del alcalde de Santiago. Cuando no hay espacio para la memoria y las razones, sólo hay piedras. Quizá ahí está la memoria de los hijos de quienes sacaron a la mala en las noches heladas del 77, mientras otros subían en medio de antorchas y cánticos patriotas a Chacarillas.
Vergüenza me da. Vergüenza de ser chileno.

sábado, 25 de abril de 2009

ARBOLEDAS Y CERCOS

La fotografía muestra un muy antiguo cerco de estacas de ciprés. Hasta los años setenta era muy común encontrar en los campos, y aun en la ciudad, arboledas de manzanos y ciruelos cercadas por una ordenada fila de estacas de ciprés.
En esos años el ciprés se encontraba en las cercanías de la Cordillera de Piuche, un montuoso bosque siempre verde que atraviesa la isla de Chiloé de norte a sur.
Fotografías tomadas en el sector La Estancia. Febrero 2009.